Literatura

Literatura: Segunda Actividad: Azul...-Rubén Darío

¿Quién era este personaje?

Era un nicaragüense nacido en 1867, fue el máximo representante del modernismo en la lengua española, se le conoce como el príncipe de las letras castellanas, el fue el núcleo originario de este movimiento.

Empezaré presentando algunos de sus poemas plasmados en el libro Azul y luego pasaré a explicar las razones por las cuales considero que estos son modernistas basándonos en las características de este movimiento, para finalizar presentaré un poema modernista creado por mi:



  • PAISAJE
Hay allá, en las orillas de la laguna de la Quinta, un sauce melancólico que moja de continuo su cabellera verde, en el agua que refleja el cielo y los ramajes, como si tuviese en su fondo un país encantado.

Al viejo sauce llegan en parejas los pájaros y los amantes. Allí es donde escuché una tarde, cuando del sol quedaba apenas en el cielo un tinte violeta que se esfumaba por ondas y sobre el gran Andes nevado, un decreciente color de rosa, que era como una tímida caricia de la luz enamorada, un rumor de besos cerca del tronco agobiado y un aleteo en la cumbre.

Estaban los dos, la amada y el amado, en un banco rústico, bajo el todo del sauce. Al frente se extendía la laguna tranquila, con su puente enarcado y los árboles temblorosos de la ribera; y más allá se alzaba entre el verdor de las hojas la fachada del palacio de la Exposición, con sus cóndores de bronce en actitud de valor.
La dama era hermosa, él un gentil muchacho, que le acariciaba con los dedos y los labios los cabellos rubios y las manos gráciles de ninfa.

Y sobre las dos almas ardientes y sobre los dos cuerpos juntos, cuchicheaban en lengua rítmica y alada las dos aves. Y arriba el cielo con su inmensidad y con su fiesta de nubes, plumas de oro, alas de fuego, vellones de púrpura, fondos azules, flordelisados de ópalo, derramaba la magnificencia de su pompa, la soberbia de su grandeza                                                    augusta.


Bajo las aguas se agitaban, como en un remolino de sangre viva, los peces 
veloces de aletas doradas. Al resplandor crepuscular, todo el paisaje se veía como

 envuelto en una polvareda de sol tamizado, y eran el alma del cuadro aquellos

 dos amantes, él moreno, gallardo, vigoroso, con una barba fina y sedosa, de esas 

que gustan tocar las mujeres; ella rubia - ¡un verso de Goethe! - vestida con un 

traje gris lustroso, y en el pecho una rosa fresca, como su boca roja que pedía el beso.

Este hermoso poema, uno de mis favoritos sinceramente, mantiene una profunda renovación del lenguaje poético, se presenta de una manera divina, describe con cuidado y delicadeza las características del paisaje y los presentes en él, la laguna es presentada como una mujer, con su cabello verde, encontramos temas exóticos, no solo el país encantado que parece haber en el fondo de la laguna, la mujer de la que se habla es comparada con una ninfa, un pequeño pero hermoso ser de la mitología griega, el uso del cromatismo es increíble, todo está descrito con colores, me permite imaginarlo, un cielo tinte violeta y un nevado color rosa de rosa.
Y arriba el cielo con su inmensidad y con su fiesta de nubes, plumas de oro, alas de fuego, vellones de púrpura, fondos azules, flordelisados de ópalo” el esteticismo es notorio en esa parte del poema, exagerando la belleza del cielo y las nubes, existe surrealismo mágico el cual va apareciendo delicadamente a medida que vamos leyendo, este es todo un poema modernista.
































  • INVERNAL

Noche. Este viento vagabundo lleva las alas entumidas y heladas. El gran Andes yergue al inmenso azul su blanca cima. La nieve cae en copos,  sus rosas trasparentes cristaliza en la ciudad, los delicados hombros y gargantas se abrigan; ruedan y van los coches, suenan alegres pianos, el gas brilla;  y, si no hay un fogón que le caliente, el que es pobre tirita. 
Yo estoy con mis radiantes ilusiones y mis nostalgias íntimas, junto a la chimenea bien harta de tizones que crepitan. Y me pongo a pensar: ¡Oh! ¡Si estuviese ella, la de mis ansias infinitas, la de mis sueños locos, y mis azules noches pensativas! ¿Cómo? Mirad: De la apacibles estancia en la extensión tranquila, vertería la lámpara reflejos de luces opalinas. Dentro, el amor que abrasa; fuera, la noche fría, el golpe de la lluvia en los cristales, y el vendedor que grita su monótona y triste melopea a las glaciales brisas; dentro, la ronda de mis mil delirios, las canciones de notas cristalinas, unas manos que toquen mis cabellos, un aliento que roce mis mejillas, un perfume de amor, mil conmociones, mil ardientes caricias; ella y yo; los dos juntos, los dos solos; la amada y el amado, ¡oh Poesía!, los besos de sus labios, la música triunfante de mis rimas, y en la negra y cercana chimenea el tueco brillador que estalla en chispas. 
¡Oh! ¡Bien haya el brasero lleno de pedrería! Topacios y carbunclos, rubíes y amatistas en la ancha copa etrusca repleta de ceniza. Los lechos abrigados, las almohadas mullidas, las pieles de Astrakán, ¡los besos cálidos que dan las bocas húmedas y tibias! ¡Oh, viejo Invierno, salve! Puesto que traes con las nieves frígidas el amor embriagante y el vino del placer en tu mochila. 
Sí, estaría a mi lado, dándome sus sonrisas, ella, la que hace falta a mis estrofas, ésa que mi cerebro se imagina; la que, si estoy en sueños, se acerca y me visita; ella que, hermosa, tiene una carne ideal, grandes pupilas, algo del mármol, blanca luz de estrella: nerviosas, sensitiva, muestra el cuello gentil y delicado de las Hebes antiguas, bellos gestos de diosa, tersos brazos de ninfa, lustrosa cabellera en la nuca encrespada y recogida, y ojeras que denuncian ansias profundas y pasiones vivas. ¡Ah, por verla encarnada, por gozar sus caricias, por sentir en mis labios los besos de su amor, diera la vida! Entre tanto hace frío. Yo contemplo las llamas que se agitan, cantando alegres con sus lenguas de oro, móviles, caprichosas e intranquilas, en la negra y cercana chimenea do el tuero brillador estalla en chispas. 
 Luego pienso en el coro de las alegres liras, en la copa labrada el vino negro, la copa hirviente cuyos bordes brillan  con iris temblorosos y cambiantes como un collar de prismas; el vino negro que la sangre enciende y pone el corazón con alegría, y hace escribir a los poetas locos sonetos áureos y flamantes silvas. El Invierno es beodo. Cuando soplan sus brisas, brotan las viejas cubas la sangre de las viñas. Sí, yo pintara su cabeza cana con corona de pámpanos guarnida. El Invierno es galeoto, porque en las noches frías Paolo besa a Francesca en la boca encendida, mientras su sangre como fuego corre y el corazón ardiendo le palpita. ¡Oh, crudo Invierno, salve! ¡Puesto que traes con las nieves frígidas el amor embriagante y el vino del placer en tu mochila! 
Ardor adolescente, miradas y caricias; ¡cómo estaría trémula en mis brazos la dulce amada mía, dándome con sus ojos luz sagrada, con su aroma de flor, sabia divina! En la alcoba la lámpara derramando sus luces opalinas; oyéndose tan sólo suspiros, ecos, risas, el ruido de los besos, la música triunfante de mis rimas y en la negra y cercana chimenea el tuero brillador que estalla chispas. ¡Dentro, el amor que abrasa a; fuera, la noche fría!


Poema que está caracterizado por tener ese "Amor a la Elegancia", lo apreciamos en su vocabulario selecto y elegante. Y la cercanía a presenciar el uso de un tema exótico, mencionando  a Astrakán, ciudad exótica situada en Rusia. Todo este conjunto de cualidades son pertenecientes a el modernismo.





  • ESTIVAL

La tigre de Bengala, con su lustrosa piel manchada a trechos, está alegre y gentil, está de gala. Salta de los repechos de un ribazo, al tupido carrizal de un bambú; luego, a la roca que se yergue a la entrada de su gruta. Allí lanza un rugido, se agita como loca y eriza de placer su piel hirsuta.
 La fiera virgen ama. Es el mes del ardor. Parece el suelo rescoldo; y en el cielo el sol, inmensa llama. Por el ramaje oscuro salta huyendo el kanguro. El boa se infla, duerme, se calienta a la tórrida lumbre; el pájaro se sienta a reposar sobre la verde cumbre.
Siéntense vahos de horno; y la selva africana en alas del bochorno, laza, bajo el sereno cielo, un soplo de sí. La tigre ufana respira a pulmón lleno, y al verse hermosa, altiva, soberana, le late el corazón, se le hincha el seno. 
 Contempla su gran zarpa, en ella la uña de marfil; luego toca al filo de una roca, y prueba, y lo rasguña. Mírase luego el flanco que azota con el rabo puntiagudo de color negro y blanco, y móvil y felpudo; luego el vientre. En seguida abre las anchas fauces, altanera como reina que exige vasallaje; después husmea, busca, va. La fiera exhala algo a manera de un suspiro salvaje. Un rugido callado escuchó. Con presteza volvió la vista de uno y otro lado.Y chispeó su ojo verde y dilatado, cuando miró de un tigre la cabeza surgir sobre la cima de un collado. El tigre se acercaba. 
Era muy bello.  Gigantesca la talla, el pelo fino, apretado el hijar, robusto el cuello, era un don Juan felino en el bosque. Anda a trancos callados; ve a la tigre inquieta, sola, y le muestra los blancos dientes, y luego arbola con donaire la cola. Al caminar se vía su cuerpo ondear, con garbo y bizarría.  Se miraban los músculos hinchados debajo de la piel. Y se diría ser aquella alimaña un rudo gladiador de la montaña. Los pelos erizados del labio relamía. Cuando andaba, con su peso chafaba la yerba verde y muelle; y el ruido de su aliento semejaba el resollar de un fuelle. Él es, él es el rey. Cetro de oro no, sino la ancha garra que se hinca recia en el testuz del toro y las carnes desgarra. La negra águila enorme, de pupilas de fuego y corvo pico relumbrante, tiene a Aquilón; las hondas y tranquilas aguas el gran caimán; el elefante la cañada y la estepa; la víbora, los juncos por do trepa; y su caliente nido del árbol suspendido, el ave dulce y tierna que ama la primer luz. Él, la caverna. 
No envidia al león la crin, ni al potro rudo el casco, ni al membrado hipopótamo el lomo corpulento, quien bajo los ramajes del copudo baobab, ruge al viento. 
Así va el orgulloso, llega, halaga; corresponde la tigre que le espera, y con caricias las caricias paga en su salvaje ardor, la carnicera. 
Después, el misterioso tacto, las impulsivas fuerzas que arrastran con poder pasmoso; y ¡oh gran Pan! el idilio monstruoso bajo las vastas selvas primitivas. No el de las musas de las blandas horas, suaves, expresivas, en las rientes auroras y las azules noches pensativas; sino el que todo enciende, anima, exalta, polen, savia, calor, nervio, corteza, y en torrente de vida brota y salta del seno de la gran naturaleza. 
El príncipe de Gales, va de caza por bosques y por cerros, con su gran servidumbre, y con sus perros de la más fina raza. 
Acallando el tropel de los vasallos, deteniendo trahíllas y caballos, con la mirada inquieta, contempla a los dos tigre, de la gruta a la entrada. Requiere la escopeta, y avanza, y no se inmuta. 
Las fieras se acarician. No han oído tropel de cazadores. A esos terribles seres, embriagados de amores, con cadenas de flores se les hubiera uncido a la nevada concha de Citeres o al carro de Cupido. 
El príncipe atrevido adelanta, se acerca, y se para; ya apunta y cierra un ojo; ya dispara; ya del arma el estruendo por el espeso bosque ha resonado. El tigre sale huyendo, y la hembra queda, el vientre desgarrado.
 ¡Oh, va a morir!... Poco antes, débil, yerta, chorreando sangre por la herida abierta, con ojo dolorido, miró a aquel cazador; lanzó un gemido como un ¡ay! de mujer... y cayó muerta. Aquel macho que huyó, bravo y zahareño, a los rayos ardiente del sol, en su cubil después dormía. Entonces tuvo un sueño: que enterraba las garras y los dientes en vientres sonrosados y pechos de mujer; y que engullía por postres delicados de comidas y cenas, -como tigre goloso entre golososunas cuantas docenas de niños tiernos, rubios y sabrosos. 

Presenciamos el afecto por temas exóticos, tenemos la visión de países lejanos o de tiempos remotos señalando Reinos, Príncipes y entre lo narrado las costumbres de estos, en este caso la caza de Animales (Tigres). La musicalidad es lograda por el uso de un lenguaje rítmico, melódico, sonoro. Es un Poema que nos da opción a presenciar perspectivas múltiples a la hora de buscar un significado a este.
Además se emplea el uso de signos de puntuación, obviando así la Libertad Ortográfica característica del movimiento que sucede al modernismo, el vanguardismo. Todo esto en conjunto es característico del modernismo.
Considero que este es uno de mis poemas favoritos, esta escrito con cierto sentimiento los cuales le dan un toque trágico, a eso sumarle el final, triste, muhas maneras de interpretarlo podemos encontrar, pero yo puede asumir que el trigre era una mujer excitada y traicionada por el amor.


  • AUTUMNAL
En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician!
 En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas. 
Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la inspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven! Con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal! Sobre la cima de un monte, a media noche, me mostró las estrellas encendidas. Era un jardín de oro con pétalos de llama que titilan. Exclamé: -¡Más!... La aurora vino después. La aurora sonreía, con la luz en la frente, como la joven tímida que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas. Y dije: -¡Más!... Sonriendo la celeste hada amiga prorrumpió: -¡Y bien!... ¡Las flores!
Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen, la blanca margarita, la azucena gentil, y las volúbilis que cuelgan de la rama extremecida. Y dije: -¡Más!... 
El viento arrastraba rumores, ecos, risas, murmullos misteriosos, aleteos, músicas nunca oídas. El hada entonces me llevó hasta el velo que nos cubre las ansias infinitas, la inspiración profunda, y el alma de las liras. Y lo rasgó. ¡Y allí todo era aurora! En el fondo se vía un bello rostro de mujer. 
¡Oh, nunca Piérides, diréis las sacras dichas que en el alma sintiera! Con su vaga sonrisa: -¿Más?... dijo el hada. Y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa...


Poema en donde se aprecia el hecho de estar en contra del realismo, ya que, empezamos a ver como se requiere el uso de hadas y otros seres irreales para poder seguir con este poema, demostrando así el afecto por los temas fantasiosos. Típico del modernismo es el uso de la musicalidad gracias al uso de un lenguaje rítmico, y una vez más en este Poema lo podemos apreciar. 


  • PRIMAVERAL
Mes de rosas. Van mis rimas en ronda, a la vasta selva, y recoger miel y aromas en las flores entreabiertas. Amada, ven. El gran bosque es nuestro templo: allí ondea y flota un santo perfume de amor. El pájaro vuela de un árbol a otro y saluda la frente rosada y bella como a un alba; y las encinas robustas, altas, soberbias, cuando tú pasas agitan sus hojas verdes y trémulas, y enarcan sus ramas como para que pase una reina. ¡Oh amada mía! Es el dulce tiempo de la primavera. 
Mira: en tus ojos, los míos; da al viento la cabellera, y que bañe el sol ese oro de luz salvaje y espléndida. Dame que aprieten mis manos las tuyas de rosa y seda, y ríe, y muestra tus labios su púrpura húmeda y fresca. Yo voy a decirte rimas, tú vas a escuchar risueña; si acaso algún ruiseñor viniese a posarse cerca, y a contar alguna historia de ninfas, rosas o estrellas, tú no oirás notas ni trinos, sino enamorada y regia, escucharás mis canciones fija en mis labios que tiemblan. ¡Oh amada mía! Es el dulce tiempo de la primavera. 
Allá hay una clara fuente que brota de una caverna, donde se bañan desnudas las blancas ninfas que juegan. Ríen al son de la espuma, hienden la linfa serena; entre polvo cristalino esponjan sus cabelleras, y saben himnos de amores en hermosa lengua griega, que en glorioso tiempo antiguo pan inventó en las florestas. Amada, pondré en mis rimas la palabra más soberbia de las frases de los versos de los himnos de esa lengua; y te diré esa palabra empapada en miel hiblea... ¡oh amada mía! en el dulce tiempo de la primavera. Van en sus grupos vibrantes revolando las abejas como un áureo torbellino que la blanca luz alegra, y sobre el agua sonora pasan radiantes, ligeras, con sus alas cristalinas las irisadas libélulas. Oye: canta la cigarra porque ama al sol, que en la selva su polvo de oro tamiza entre las hojas espesas. Su aliento nos da en un soplo fecundo la madre tierra, con el alma de los cálices y el aroma de las yerbas. 
¿Ves aquel nido? Hay un ave. Son dos: el macho y la hembra. Ella tiene el buche blanco, él tiene las plumas negras. En la garganta el gorjeo, las alas blandas y trémulas; y los picos que se chocan como labios que se besan. El nido es cántico. El ave incuba el trino, ¡oh poetas! De la lira universal el ave pulsa una cuerda. Bendito el calor sagrado que hizo reventar las yemas, ¡oh amada mía, ¡en el dulce tiempo de la primavera!
Mi dulce musa Delicia me trajo un ánfora griega cincelada en alabastro, de vino de Naxos llena; y una hermosa copa de oro, la base henchida de perlas, para que bebiese el vino que es propicio a los poetas. En la ánfora está Diana, real, orgullosa y esbelta, con su desnudez divina y en su actitud cinegética. Y en la copa luminosa está Venus Citerea tendida cerca de Adonis que sus caricias desdeña. No quiero el vino de Naxos ni el ánfora de ansas bellas, ni la copa donde Cipria al gallardo Adonis ruega. Quiero beber el amor sólo en tu boca bermeja ¡oh amada mía! en el dulce tiempo de la primavera.

Es un Poema en el cual presenciamos el apego a los temas exóticos e irreales, ya que, podemos ver que refiere a tiempos remotos; y a su vez al uso de personajes fantásticos, evidenciándose así una vez más que el Modernismo surge como una reacción contra el Realismo.

Presenciamos la musicalidad lograda por el uso de un lenguaje melódico, en el cual se usa mucho la sinestesia, siendo esta una figura retórica que consiste en la atribución de una sensación a un sentido que no le corresponde. 


                                               

                                                       Resultado de imagen para azul ruben dario





Literatura: Primera Actividad: Maria-El arte de amar

        
        "EL AMOR ES LA ÚNICA RESPUESTA SATISFACTORIA DE LA EXISTENCIA HUMANA"


Reseña de El arte de amar-Erich Fromm:

¿Qué es amar? ¿Cómo podemos llegar a experimentar aquello? Para Fromm el amor no es sólo una relación personal, sino un rasgo de madurez, este se puede manifestar de muchas formas: amor fraternal, erótico, filial, amor a uno mismo, a Dios, a la humanidad.

"El amor, deseo profundísimo del ser humano, anhelo, motivación, ansia, emoción capaz de impulsar la conducta, los sentimientos y los pensamientos de los hombres, del que creen saber los amantes y al que quieren conocer los filósofos y los poetas, los unos con la razón y los otros con la intuición, constituye un elemento fundamental en la obra de Erich Fromm".

Personalmente no he disfrutado mucho leyendo este libro puesto que embarca un tema profundo y a medida que pasamos las páginas se torna complicada la idea de poder llegar a un entendimiento total, pero debo admitir que la fuerte crítica de Fromm al amor que nosotros creemos correcto me ha puesto a pensar, muchas veces creemos amar a alguien, ¿De verdad lo hacemos?.

"La gente cree que amar es sencillo y lo difícil encontrar un objeto apropiado para amar o ser amado por el"

Reseña de Maria-Jorge Isaacs:

Este libro nos cuenta una historia de amor con un trágico final, no solo es emocionante sino que consigue introducirnos de una manera sublime en ella, Efraín perdidamente enamorado de Maria, una chica que sufría de epilepsia, vivieron juntos de pequeños y luego este se marchó, pasado el tiempo regresa y cae en cuenta que ya no son niños, estos sienten una atracción instantánea la cual pasa a ser un amor...quizá verdadero?

Empezaré explicando algunos puntos en el libro de Fromm, los cuales según la perspectiva del actor demuestran que el amor que el plantea es verdadero, este nos dice que el amor implica seder en beneficio del otro, implica no buscar que te ame, sino tu amar, nos buscar atraer a la gente. Cuando te preocupas por el bienestar del otro o alguien lo hace por ti, te das cuenta del cariño, esto le pasó a la joven, una de mis partes preferidas del libro fue la que procederé a compartir con lo lectores de este blog:

Acababa de dar las doce el reloj del salón. Sentí pasos cerca de mi puerta y muy luego la voz de mi padre que me llamaba. «Levántate», me dijo tan pronto como le respondí, «María sigue mal». El acceso había repetido. Después de un cuarto de hora hallábame percibido para marchar. Mi padre me hacía las últimas indicaciones sobre los nuevos síntomas de la enfermedad, mientras el negrito Juan Angel aquietaba mi caballo retinto, impaciente y asustadizo. Monté; sus cascos herrados crujieron sobre el empedrado, y un instante después bajaba yo hacia las llanuras del valle buscando el sendero a la luz de algunos relámpagos lívidos... Iba en solicitud del doctor Mayn, que pasaba a la sazón una temporada de campo a tres leguas de nuestra hacienda. La imagen de María, tal como la había visto en el lecho aquella tarde, al decirme ese «hasta mañana» que tal vez no llegaría, iba conmigo, y avivando mi impaciencia me hacía medir incesantemente la distancia que me separaba del término del viaje, impaciencia que la velocidad del caballo no era bastante a moderar. Las llanuras empezaban a desaparecer, huyendo en sentido contrario a mi carrera, semejantes a mantos inmensos arrollados por el huracán. Los bosques que más cercanos creía, parecían alejarse cuando avanzaba hacia ellos. Sólo algún gemido del viento entre los higuerones y chiminangos sombríos, el resuello fatigoso del caballo y el choque de sus cascos en los pedernales que chispeaban interrumpían el silencio de la noche. Algunas cabañas de Santa Elena quedaron a mi derecha, y poco después dejé de oír los ladridos de sus perros. Vacadas dormidas sobre el camino empezaban a hacerme moderar el paso. La hermosa casa de los señores de M..., con su capilla blanca y sus bosques de ceibas, se divisaba en lejanía a los primeros rayos de la luna naciente, cual castillo cuyas torres y techumbres hubiese desmoronado el tiempo. El Amaime baja crecido con las lluvias de la noche, y su estruendo me lo anunció mucho antes de que llegase yo a la orilla. A la luz de la Luna, que atravesando los follajes de las riberas iba a platear las ondas, pude ver cuánto había aumentado su raudal. Pero no era posible esperar: había hecho dos leguas en una hora, y aún era poco. Puse las espuelas en los ijares del caballo, que con las orejas tendidas hacia el fondo del río y resoplando sordamente parecía calcular la impetuosidad de las aguas que se azotaban a sus pies: sumergió en ellas las manos, y como sobrecogido por un terror invencible, retrocedió veloz girando sobre las patas. Le acaricié el cuello y las crines humedecidas y lo aguijoneé de nuevo para que se lanzase al río; entonces levantó las manos impacientado, pidiendo al mismo tiempo toda la rienda, que le abandoné, temeroso de haber errado el botadero de las crecientes. El subió por la ribera unas veinte varas, tomando la ladera de un peñasco; acercó la nariz a las espumas, y levantándola en seguida, se precipitó en la corriente. El agua lo cubrió casi todo, llegándome hasta las rodillas. Las olas se encresparon poco después alrededor de mi cintura. Con una mano le palmeaba el cuello al animal, única parte visible ya de su cuerpo, mientras con la otra trataba de hacerle describir más curva hacia arriba la línea de corte, porque de otro modo, perdida la parte baja de la ladera, era inaccesible por su altura y la fuerza de las aguas, que columpiaban guaduales desgajados. Había pasado el peligro. Me apeé para examinar las cinchas, de las cuales se había reventado una. El noble bruto se sacudió, y un instante después continué la marcha. Luego que anduve un cuarto de legua, atravesé las ondas del Nima, humildes, diáfanas y tersas, que rodaban iluminadas hasta perderse en las sombras de bosques silenciosos. Dejé a la izquierda la pampa de Santa R., cuya casa, en medio de arboledas de ceibas y bajo el grupo de palmeras que elevan los follajes sobre su techo, semeja en las noches de luna la tienda de un rey oriental colgada de los árboles de un oasis. Eran las dos de la madrugada cuando después de atravesar la villa de P..., me desmonté a la puerta de la casa en que vivía el médico.

En la tarde del mismo día se despidió de nosotros el doctor, después de dejar casi completamente restablecida a María y de haberle prescrito un régimen para evitar la repetición del acceso, aunque prometió visitar a la enferma con frecuencia. Yo sentía un alivio indecible al oírle asegurar que no había peligro alguno, y por él, doble cariño del que hasta entonces le había profesado, solamente porque tan pronta reposición pronosticaba a María. Entré a la habitación de ésta, luego que el médico y mi padre, que iba a acompañarlo en una legua de camino, se pusieron en marcha. Estaba acabando de trenzarse los cabellos viéndose en un espejo que mi hermana sostenía sobre los almohadones. Apartando ruborizada el mueble me dijo: —Estas no son ocupaciones de enferma, ¿no es verdad?, pero ya estoy buena. Espero no volver a ocasionarte un viaje tan peligroso como el de anoche. —En ese viaje no ha habido peligros —le respondí. —¡El río, sí, el río! Yo pensé en eso y tantas cosas que podían sucederte por causa mía. —¿Un viaje de tres leguas? ¿Esto llamas?... —Ese viaje en que has podido ahogarte, según refirió aquí el doctor, tan sorprendido, que aún no me había pulsado y ya hablaba de eso. Tú y él al regreso habéis tenido que aguardar dos horas para que bajase el río. —El doctor a caballo es una maula; y su mula pacienzuda no es lo mismo que un buen caballo. —El hombre que vive en la casita del paso —me interrumpió María— al reconocer esta mañana tu caballo negro, se admiró de que no se hubiese ahogado el jinete que anoche se botó al río a tiempo que él le gritaba que no había vado. ¡Ay! No, no, yo no quiero volver a enfermarme. ¿No te ha dicho el doctor que no tendré ya novedad? —Sí —le respondí—; y me ha prometido no dejar pasar dos días seguidos en estos quince sin venir a verte. 

En este gran fragmento se muestra la preocupación que tenían el uno por el otro, primero Efraín al arriesgarse para que la chica pudiera ser atendida y luego ella al demostrar preocupación por lo que le podía haber pasado al joven a causa de su desesperación.

Otra característica que el autor nos resalta es mostrarnos tal cual somos, sin caretas u ocultándonos, esto quizá podría relacionarse con el hecho de que Maria sufría de un terrible enfermedad difícil de ocultar, aún así esto no evitó que Efraín la amase.

El amor no tiene barreras, no importan las consecuencias que este traiga, no hay cosa que sea más mágica y hermosa que el estar con la persona  que de verdad amas, el amor de tu vida, estos chicos lo sabían, a pesar de que Maria termina con un trágico suceso que es la muerte de nuestra tan deseada protagonista, estos corren riesgo, la enfermedad que la joven sufría terminaría por acabar con ella, el viaje de Efraín fuera de país para poder estudiar, aquella propuesta por parte del padre de Carlos para que la chica se casara con su hijo y otros problemas mas que harían que un amor falso o débil no funcionara no fueron impedimento para ellos y parecía que cada vez mas el amor iba incrementando hasta el punto de llegar a ser verdadero.

Sin duda alguna estos jóvenes demostraron estar enamorados de verdad, son lo que el autor de "El arte de amar"presenta en su libro, amor puro...

El amor falso es aquel carece de todas las características que antes mencioné, la felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios y comprar todo lo que pueda, hoy en día, es así como se considera a una mujer u hombre atractivo que se desea conseguir.


Imagen relacionada




















Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Ap. Verbal